Distinción del romanticismo
Sin duda, esta situación imprimirá a la
versión un rasgo romántico, mensurable
en el tipo de sonido, fraseo, articulación,
criterios de intensidad y agógica, orgánico
instrumental, entre otros aspectos conducentes a un tipo de tratamiento eminentemente expresivita, metaforizado en la
enunciación de su materialidad o sintaxis,
atento a un contenido emocional, narrativo o descriptivo, y resultante en rasgos de
dudosa validez para otras épocas y estéticas. Una especie de ceguera y de espíritu
de época reduccionista, en presupuestos
o estudios históricos e interpretativos incompletos o sesgados, se expandirá por
músicas y estilos diversos. En virtud de estas apreciaciones, la interpretación gestual
que vemos actualmente (en particular en
nuestro medio) en obras de autores del Romanticismo implica, tal vez, la permanencia
de algunas corrientes que, posiblemente
fundadas como decíamos sistemática o
aun empíricamente en el siglo XIX, se mantienen vigentes e infieren que la totalidad
de las músicas demandan un romántico
acercamiento a su sonido y contenido para
ser correctamente transmitidas.
El modelo psicoanalítico ha admitido, de
algún modo, las miradas románticas de diversos pasados y presentes, con relación al
abordaje y la emergencia de los postulados
subjetivos, afectivos o sentimentales desde dicha óptica, al considerar un posible
paradigma psíquico totalizante y esencial,
encabalgado por los diferentes cortes históricos. De este modo, aquel modelo ha
podido presuponer y describir ciertas constantes estructurales, operativas y proyectuales, reiteradas y constantes, actuantes
por sobre insularidades estilísticas e históricas. Sobre esta base, podría entonces justificarse la apropiación de la interpretación
romántica válida para todos los tiempos.
Sin embargo, debe hacerse una distinción
central entre las actuaciones del universo
poiético y las propias del territorio de la
hermenéutica.